|
|
| Fundación
para el Apoyo a la Nueva Evangelización y a la Solidaridad
en la Fe Cristiana |
MI IGLESIA
Intenciones del Santo Padre para el mes de Septiembre de 2008
La Iglesia Católica
Creo
que no existe ninguna institución sobre la tierra que a lo
largo de los siglos haya sido tan vituperada, calumniada, atacada
y difamada como la Iglesia Católica. ¿Por qué
para algunos es tan odiada la Iglesia? ¿Y cómo se explica
que, a pesar de los intentos por aniquilarla, aún existe? Antes
de responder a éstas preguntas, debemos aclarar lo siguiente:
Veamos algunos de los hechos registrados en la Historia que más significativamente han afectado a la Iglesia Católica:
¿Quién podía ser el archienemigo para esta nueva corriente? ¡ Acertado! La Iglesia Católica. Es por ello que los ataques de los masones serán devastadores y sin piedad. Basados en la difamación y tergiversación de acontecimientos históricos, presentaron el rostro de una Iglesia en aparente decadencia. ¿Qué se logró con ello? El florecimiento de nuevas corrientes religiosas que responderán a las circunstancias sociales y políticas. Por ejemplo, se puede demostrar cómo en América Latina no se hubieran concretado las revoluciones independentistas de nuestros países sin el respaldo moral, y en algunos casos militante, de la Iglesia católica. Otra fuerza que nació como enemiga de la Iglesia fue la persecución comunista, iniciada con la revolución bolchevique de 1917 en Rusia. Los comunistas juzgaron la creencia en Dios como el opio del pueblo, según la definición de Marx, y por eso había que eliminar a la Iglesia o nacionalizarla, es decir, ponerla bajo la sombra del Estado. Nadie aún ha podido precisar el número de mártires cristianos exterminados o perseguidos por el comunismo, pero su cifra supera los millones. La revolución marxista leninista proponía un nuevo orden mundial en el que no había cabida para Dios ni razón de ser de la Iglesia. Se desmoronó esta ideología luego de ochenta años y la Iglesia, que nunca desapareció del todo, resurge en aquellos países con mayor esplendor y fuerza. Hoy día, una corriente secularista y anticatólica se mueve en poderosos medios de comunicación social, levantando abiertas campañas de desprestigio y de burla chabacana contra nuestras creencias y al mismo Dios. Se cuestiona virulentamente el origen divino de la familia, contraponiendo el reconocimiento legal de parejas homosexuales con el derecho de adoptar y criar hijos; se le condena anacrónica y retrógrada. La infidelidad y escándalo de algunos de sus miembros es pretexto para su condena general, olvidando que son mayoría los que se esfuerzan por la lealtad que los que han caído. Ahora bien, todo parece indicar que la consigna lanzada de los anticatólicos es la del ataque sistemático a los fundamentos de nuestra fe. Su fin último es difamar, ridiculizar, silenciar y acabar con las verdades que custodia la Iglesia. ¿Qué podemos esperar de todo esto? Contrario a lo que sus enemigos pretenden, la Iglesia saldrá, como en el pasado, más fortalecida. De una vez por todas debe entenderse que si la Iglesia fuera sólo de carácter humano ya no existiría. El Señor la asiste y nunca la abandonará, aún en los momentos de mayor peligro. Los que la atacan, contribuyen sin saberlo a su purificación y mayor perfección. Para sus detractores no cabe más que el perdón y la esperanza de que un día sus opiniones serán transformadas y que encontrarán la madre que un día despreciaron con los brazos abiertos para acogerlos, y el odio se transformará en amor; la injuria, una vez reconocida y confesada, dará paso a la indulgencia. En nuestra Iglesia de Panamá, hacemos ofrenda de todos aquellos que nos adversan y deseamos de corazón perdonar a nuestros detractores, confiándoles nuestra compresión y acogida.
El Sacerdote es un hombre de Dios Elegido y enviado para ser Cristo en el mundo
Procedentes de más de ochenta países --y casi trescientas diócesis-- los participantes conviven, reflexionan y oran en torno al tema elegido para el Congreso Internacional por el Dicasterio Vaticano de Sacerdotes, forjadores de santos para el nuevo milenio --Siguiendo las huellas del apóstol Pablo. Durante la solemne concelebración Eucarística de inauguración del lunes 18 de octubre, en la Catedral de San Juan Bautista en La Valleta, el cardenal Darío Castrillón Hoyos --prefecto del dicasterio organizador-- describió al sacerdote como hombre de Dios, elegido y enviado para ser Cristo en los caminos del mundo y reflejar el Rostro eucarístico de Cristo en la propia santidad de vida. ¡Nosotros, sacerdotes, somos obra grande de la misericordia del Dios!, reconoció el purpurado. Sobre vuestras fatigas y padecimientos --dijo a los numerosísimos concelebrantes--, sobre vuestros éxitos y alegrías, sobre el ocultamiento fecundo de vuestro ministerio sacerdotal unido a la Cruz de Cristo, florece, crece y se revigoriza en el Pueblo de la Nueva Alianza la nueva vida, la de Cristo crucificado y resucitado. La necesaria identificación con Cristo del sacerdote --explicó-- significa dejarse inhabitar por Él, la Palabra viva, de forma que se convierta en nuestra propia palabra. Por eso, como sacerdotes no podemos llevar adelante "nuestras" ideas, desarraigadas de Cristo, por quien hemos sido enviados --aclaró--, sino que es Él quien da eficacia salvífica a nuestra predicación, la luz que aclara las incertidumbres y los miedos humanos. El cardenal Castrillón recordó igualmente que el sacerdote no es autor de los sacramentos, sino que lo es Cristo, que por voluntad del Dios Padre hace al sacerdote instrumento de su santidad en beneficio de todos. Los hombres desean contemplar en nosotros el rostro de Cristo, alertó. Cristo Crucificado es la imagen suprema del amor de Dios invisible, y el amor humilde del Dios encarnado, crucificado y resucitado es la puerta de la santidad en el mundo, y en esta puerta estamos nosotros, sus ministros, advirtió el cardenal Castrillón Hoyos. ¡No cerremos esta puerta, abrámosla de par en par! --exhortó--. ¡A nosotros, sacerdotes, los hombres nos piden a Cristo, y en nosotros tienen derecho a verlo! Sólo quienes han aprendido a "estar con Jesús" a los pies de la Cruz están preparados para dejarlo ver, listos para ser enviados a evangelizar.
|
||||||||
|
|