Fundación para el Apoyo a la Nueva Evangelización y a la Solidaridad en la Fe Cristiana
 

 

Cuaresma

















CUARESMA,
TIEMPO DE CONVERSIÓN 
DEL CORAZÓN

La Cuaresma es tiempo propicio para reflexionar en grupo y en privado. Vale la pena preguntarnos alrededor de este tema, ¿cómo pienso vivir esta Cuaresma?, ¿qué predominó el año pasado: el culto, la evangelización o la caridad solidaria?, ¿en qué medida nos hacemos responsables de la transformación de la Iglesia hacia formas más evangélicas?

  • Relación Cuaresma-Cuarenta: Hacia el siglo II los cristianos empezaron a prepararse para la Pascua con dos días de ayuno. En el siglo III el ayuno se alargó a toda la Semana Santa. Y en el concilio de Nicea (325) se habla de un ayuno de 40 días, como Jesús.
    Esto recuerda:
   
40 días del Diluvio
40 años de desierto hacia la liberación
40 días de Sinaí para la Alianza
40 días de Elías hacia el monte Horeb
40 días de esperanza en Nínive
40 días de Jesús en el desierto
40 días de Cuaresma para nuestra Pascua
 

  • Cuaresma y Conversión: La conversión es una actitud personal y comunitaria Convertirnos, sí de nuestros fanatismos personales, pero también convertir las estructuras injustas, haciendo esfuerzos conjuntos a favor de la paz y la fraternidad. Convertirnos con: limosna = solidaridad que lleva a la justicia; oración = confianza en la cercanía de Dios; ayuno = libertad ante el consumismo. Toda palabra sincera tiene que convertirse en gesto. Es fácil hablar de fidelidad. . . pero llega un momento en que hay que hacerla gesto y realidad para llegar hasta el final de la misión aceptada sin dejarse desviar por el miedo, el orgullo o las riquezas. Es fácil hablar de perdón. . . pero llega el momento en que se impone borrar la culpa y ofrecer un amor cálido. La Cuaresma es el tiempo de la admiración: miramos y admiramos los gestos de Cristo, sus palabras y sus hechos. Ahí comienza la conversión.
    Textos bíblicos:
    Oseas 6,1-6: Misericordia quiero y no sacrificios.
    Joel 2,12-18: Rasgad los corazones, no las vestiduras
    2 Corintios 5,20-6,2: Dejarse reconciliar con Dios;
    ahora es el tiempo de la gracia.
    Mateo 6,1-6.16-18: Tu Padre que ve en lo escondido, te recompensará

 

  • Cuaresma y Ayuno: El ayuno era una de las tres grandes obligaciones de la piedad judía. El antiguo pueblo de Israel, en casos de ruptura o desviación de la trayectoria hacia Dios, organizaba ayunos de reencuentro o conversión. Con Jesús no queda abolido, sino restituido a su justo contexto. Se vuelve así a la enseñanza de los profetas: liberar de la injusticia, de la opresión, de la miseria, es el ayuno agradable a Yahvé. La prioridad absoluta la tiene el amor. El ayuno de Jesús se orienta en dirección hacia los hombres: Si los hombres ayunan para ir al encuentro del Señor, Jesús se prepara con ayuno para ir al encuentro de los hombres.
    Textos bíblicos: Isaías 58,1-9A: El ayuno que agrada a Dios
    Mateo 9, 14-15: Llegará un día en que se lleven al esposo y entonces ayunarán.

 

  • Cuaresma y Reconciliación – Perdón: Hay muchas formas de matar o de vivir muertos para el otro. En la Nueva Ley, las relaciones positivas con Dios pasan por la comunión con el hermano hasta límites insospechados: si yendo a presentar tu ofrenda recuerdas no sólo que tú puedes haber ofendido al hermano, sino que éste puede tener algo contra ti, “deja tu ofrenda y vete primero a reconciliarte”. La aplicación de la Nueva Ley en el comportamiento concreto de cada día surge a la luz del Amor del Padre Dios. Sólo quien vive este Amor puede llevar a su vida la exigencia de amar de igual manera. Darse, no juzgar, perdonar . . . son llamadas que carecen de límites porque están dirigidas a hombres y mujeres que han hecho la experiencia del amor, que han descubierto sobre sí mismos la mirada del Abba. Perdonar, no condenar, darse . . . es amar con el mismo deseo y el mismo respeto con que somos queridos por Dios.
    Textos bíblicos:
    Ezequiel 18,21-28: ¿Acaso quiero yo la muerte del malvado y no que se convierta de su camino y viva?
    Mateo 5,20-26: Vete primero a reconciliarte con tu hermano.

 

  • Cuaresma y Comunidad: Vivimos divididos: en nuestro interior luchan el demonio del egoísmo y la fuerza generosa del Espíritu; en nuestras sociedades conviven el desorden del individualismo y la armonía de la solidaridad. Jesús ha venido a destruir los demonios con el poder de Dios y a implantar un Reino de justicia y paz. Está entre nosotros y nos unifica. El Señor propone para su comunidad unas nuevas relaciones basadas en el servicio, la igualdad y la fraternidad. Para ello hay que estar dispuestos a aprender de los otros, renunciar a marcar distancias, a “hacernos ver”. Habrá que ser humildes, presentarnos como somos poniéndonos a merced del otro en amor y servicio. “El que se enaltece. . .”. Desterrar el deseo y la práctica de dominación sobre los otros, aunque sea “espiritual o religioso”.
    El que quiera “ascender” en el seguimiento de Cristo, tiene un solo camino: Servir hasta entregar la vida. Textos bíblicos:
    Lucas 6, 36-38: Perdonad y seréis perdonados.
    Mateo 18, 21-35: ¿ No debías tú también tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?

 

  • Reflexión final: El crecimiento personal, al que quiere contribuir la Cuaresma, comienza en el interior de nosotros mismos. Se realiza por la vivencia del Evangelio, ya que él nos lleva más allá de nosotros mismos. El Evangelio eleva nuestro amor, nuestra solidaridad y nuestro compromiso a dimensiones que no nos sería dado alcanzar y que no tendríamos el valor y la posibilidad de afrontar con nuestras propias fuerzas. La Cuaresma es el tiempo propicio, los días de gracia, la oportunidad brindada durante 40 días para vivir la Presencia santificante de Dios con nosotros diariamente. Centrémonos en el Maestro Perfecto de santidad que es Jesucristo, desterrando de nosotros y de nuestras comunidad toda tendencia o inclinación a vivencias espirituales que no son del Señor, tales como: Toda forma de fanatismo religioso, puritanismo, fariseísmo, espiritualismo, iluminismo, ritualismo, rigorismo, escrupulosidad, tendencias apocalípticas, laxismo, separación entre fe y vida.
    Textos bíblicos: Mateo 5,43-48: Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.
    Mateo 25,31-46: Lo que hicisteis con uno de estos mis pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis.

Escribe los propósitos y metas que tienes para esta Cuaresma, y las áreas de tu vida personal (emociones, sentimientos, moralidad, espiritualidad, comunidad, familia, trabajo, estudios, mente, cuerpo) en las que requieres mayor ayuda del Señor y cooperación personal para vencer tentaciones, desórdenes debilidades y defectos, que dificulten y bloqueen tu vivencia del Evangelio.




La Caridad tiene por frutos:

el gozo, la paz y la misericordia

Durante la Cuaresma, se nos hace un llamado a la oración, la conversión, escucha de la Palabra de Dios y práctica de las obras de caridad en forma más intensa que de ordinario. No es un tiempo independiente, sino de preparación a la Pascua, a la que está íntimamente unida y de la que recibe su sentido.

En este tiempo la comunidad cristiana, sea familia, Parroquia, Diócesis o Iglesia Católica, debe recordar, celebrar y experimentar el camino pascual de Cristo, es decir: imitar su fidelidad a Dios y plasmar esa decisión en las actitudes ya mencionadas de:

  • Oración: camino de diálogo y apertura a Dios, como Jesús en el desierto;
  • Conversión: cambio radical que no nos lleva a ser buenos, sino seres nuevos;
  • Escucha de la Palabra: meditación en los textos bíblicos que la Iglesia propone;
  • Obras de caridad: que abarcan la vida entera del cristiano y se manifiestan como servicio y ayuda concreta a nuestros semejantes, hijos de Dios.

Veámos qué nos dice el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica sobre la caridad: La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por El mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios.

Jesús hace de la caridad el mandamiento nuevo (cf Jn 13, 34). Amando a los suyos ´hasta el fin´ (Jn 13, 1), manifiesta el amor que ha recibido del Padre. Amándose unos a otros, los discípulos imitan el amor de Jesús que reciben también ellos. Por eso Jesús dice: ´Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor´(Jn 15, 9). Y también: ´Este es el mandamiento mío: que os améis uno a otros como yo os he amado´ (Jn 15, 12).

Fruto del Espíritu y plenitud de la ley, la caridad guarda los mandamientos de Dios y de Cristo: ´Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor´ (Jn 15,9-10; cf Mt 22, 40; Rm 13, 8-10).

Cristo murió por amor a nosotros ´cuando éramos todavía enemigos´(Rm5, 10). El Señor nos pide que amemos como El hasta a nuestros enemigos (cf Mt 5, 44), que nos hagamos prójimos del más lejano (cf Lc 10, 27-37), que amemos a los niños (cf Mc 9, 37) y a los pobres como a El mismo (cf Mt 25, 40-45)

El apóstol San Pablo ofrece una descripción incomparable de la caridad: ´La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta (1 Co 13, 4-7).

“´Si no tengo caridad – dice también el apóstol – nada soy...´. Y todo lo que es privilegio, servicio, virtud misma... ´si no tengo caridad, nada me aprovecha´(1 Co 13, 1-4). La caridad es superior a todas las virtudes. Es la primera de las virtudes teologales: Áhora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad´(1 Co 13,13)

El ejercicio de todas las virtudes está animado e inspirado por la caridad. Esta es ´el vínculo de la perfección´ (Col 3, 14); es la forma de las virtudes; las articula y las ordena entre sí; es fuente y término de su práctica cristiana. La caridad asegura y purifica nuestra facultad humana de amar. La eleva a la perfección sobrenatural del amor divino.

La práctica de la vida moral animada por la caridad da al cristiano la libertad espiritual de los hijos de Dios. Este no se halla ante Dios como un esclavo, en el temor servil, ni como el mercenario en busca de un jornal, sino como un hijo que responde al amor del ´que nos amó primero´ (1 Jn 4,19).

 


El Santo Via Crucis

EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. AMÉN

ORACIÓN DE INICIO

Padre Bueno y Eterno, te damos gracias por tu gran misericordia para con nosotros, pues los sufrimientos y dolores que nos correspondían por nuestros pecados y culpas quisite, por amor, que los padeciera tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, quien terminó su vida con la dolorosa pasión y muerte en cruz. Bendito sea por siempre el Nombre de Jesucristo, quien se entregó a la muerte para darnos vida eterna, vida sagrada, vida buena, vida santa. Haz, Señor de la Vida y de la Muerte, que compartamos en este Via Crucis el amor infinito de Dios, meditando y contemplando su pasión dolorosa, acompañemos a la Virgen María en su dolor y esperanza y recibamos la bendición y fuerza del Espíritu Santo. Amén

Acto de Contricción: Jesús mi Señor, y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinta misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén

Modo de Hacer el Vía Crucis:

  • Se anuncia la estación.
  • Se responde: Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo
  • Se lee la reflexión sobre cada estación.
  • Se reza un Padrenuestro, o un Avemaría, o un Gloria.
I ESTACIÓN
II ESTACIÓN
Jesús es condenado a muerte
Jesús carga con su cruz
¡Oh Jesús!, ayúdame a apreciar más y más tu gracia santificante.
¡Oh Jesús!, Tú elegiste morir por mí, ayúdame a amarte siempre con todo mi corazón..
     
     
III ESTACIÓN
IV ESTACIÓN
Jesús cae por primera vez
Jesús se encuentra con su Santísima Madre
¡Oh Jesús!, hazme fuerte para vencer mis bajas pasiones y levantarme rápidamente de mis pecados
¡Oh Jesús!, concédeme un tierno amor por tu madre, quien se ofreció por amor a mí.
     
     
V ESTACIÓN
VI ESTACIÓN
El cirineo ayuda a Jesús a llevar su cruz
La Verónica enjuga el rostro de Jesús
¡Oh Jesús!, como Simón , llévame más cerca de ti a través de mis cruces y pruebas diarias.
¡Oh Jesús!, graba tu imagen en mi corazón para que yo pueda tener fe en ti toda mi vida.
     
     
VII ESTACIÓN
VIII ESTACIÓN
Jesús cae por segunda vez
Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén
¡Oh Jesús!, me arrepiento por haberte ofendido. Concédeme el perdón de todos mis pecados.
¡Oh Jesús!, concédme las lágrimas y la compasión por tus sufrimientos y la pena de mis pecados.
     
     
IX ESTACIÓN
X ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez
Jesús es despojado de sus vestiduras
¡Oh Jesús!, no me dejes caer en la desesperación. Permíteme ir a ti en la pena y en la aflicción espiritual.
¡Oh Jesús!, déjame sacrificar todos mis apegos antes que exponer la vida divina de mi alma.
     
     
XI ESTACIÓN
XII ESTACIÓN
Jesús es clavado en la cruz
Jesús muere en la cruz
¡Oh Jesús!, fortalece mi fe e incrementa mi amor por ti. Ayúdame a aceptar mis cruces.
¡Oh Jesús!, te doy gracias por hacerme un Hijo de Dios, ayúdame a perdonar a los demás.
     
     
XIII ESTACIÓN
XIV ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz
Jesús es colocado en el sepulcro
¡Oh Jesús!, a través de la intercesión de tu Madre Santa, déjame ser agradable a ti.
¡Oh Jesús!, fortalece mi voluntad para vivir en ti, aqui en la tierra, y llévame a la gloria eterna en el cielo.
     
     
XV ESTACIÓN
Jesús resucita y vence la muerte
¡Oh Jesús!, resucita en mi las virtudes de fe, esperanza y caridad, especialmente cada vez que yo te reciba en la sagrada comunión.
     

 




Obras de Misericordia

Las obra de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (ver Isaías 58, 6-7; Hebreos 13, 3).

Obras de Misericordia Espiritual: instruir, corregir al que está equivocado, aconsejar, consolar, confortar, perdonar y sufrir con paciencia.

Obras de Misericordia Corporal: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos (ver Mateo 25, 31-46).

Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres (ver Tobías 4,5-11) es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios. (ver Mateo 6, 2-4).

 


AYUNO Y ABSTINENCIA

Querido (a) Hermano (a):
Como un gesto del compartir espiritual y solidario de Cuaresma, la Fundación PRO-FE, le hace llegar las normas canónicas, litúrgicas y pastorales sobre el ayuno y la abstinencia; prácticas penitenciales que la Iglesia pide hacer a todos los fieles cristianos durante la Cuaresma, tiempo de preparación para la celebración del misterio Pascual.

Ayuno: Disciplina espiritual por la que voluntariamente se renuncia a ciertos alimentos por un tiempo definido con el fin de liberarse de los apegos carnales y poner todo el corazón en Dios.
Abstinencia: Es la virtud que consiste en privarse total o parcialmente de satisfacer los apetitos. La privación de determinados alimentos o bebidas, en cumplimiento de preceptos religiosos o de voto especial. Se puede aplicar a cualquier tipo de abstención, desde no tomar licor hasta la abstención sexual, como acto penitencial privado que se observa por un tiempo.

Ayuno Eucarístico: En la actualidad se requiere ayuno de una hora antes de recibir la Eucaristía.
Ayuno de Cuaresma: La Iglesia sugiere:

Ayuno: (una sola comida completa al día, las otras pueden ser algo ligero).
Todos los viernes de cuaresma.
Ayuno y abstinencia: (no comer carne). Miércoles de Ceniza y Viernes Santo.

Del Código del Derecho Canónico
Can. 1250 En la Iglesia universal, son días de tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma.
Can. 1251 Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.
Can. 1252 La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido 59 años. Cuiden sin embargo, los pastores de almas y los padres de que también se forme en un auténtico espíritu de penitencia a quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno o a la abstinencia.

De la Conferencia Episcopal Panameña
La Conferencia Episcopal Panameña aclara y dispone que la abstinencia tradicional de carne, podrá ser sustituida por la abstinencia de algún alimento de agrado; o por una especial obra de caridad o piedad; o por algún otro sacrificio significativo voluntario. (De las normas particulares complementarias al nuevo Código Canónico.)


CONVERTIRSE POR DENTRO

Incorporarse en Cuaresma a la Pascua de Cristo significa en concreto lo que expresa esta palabra tan incómoda: la conversión.

En griego se dice “metánoia”, o sea, cambio de mentalidad. Lo principal no son los ayunos exteriores, que también tienen sentido, sino que por dentro el corazón cambie y nuestra escala de valores se haga más conforme a la de Cristo.

La conversión, si es verdadera duele. Como cuando el dentista nos toca el nervio. Si no le “hacemos daños al hombre viejo” en Cuaresma, es que no le hemos puesto el dedo en la llaga: nos habremos contentado con cambiar el color de los ornamentos o el repertorio de cantos de liturgia, o con unas pequeñas abstinencias. Cosas buenas, pero no suficientes. Es adentro a donde tiene que bajar la conversión: tocando las raíces, por ejemplo, de nuestro egoísmo, o del materialismo o de la pereza.

Celebrar la Cuaresma y la Pascua es mirarse sin miedo al espejo del Evangelio y evaluar nuestra vida a la luz de la Cristo, para ver qué hay de anti-pascual en nosotros. Y actuar en consecuencia. Sino, no habrá sucedido esa primavera espiritual que quiere ser la Pascua.

Columnas de la Cuaresma Cristiana = Conversión

Fuente: Dpto. de Liturgia Arquidiócesis de Panamá