Cuaresma

CUARESMA,
TIEMPO DE CONVERSIÓN
DEL CORAZÓN
La
Cuaresma es tiempo propicio para reflexionar en grupo y en privado.
Vale la pena preguntarnos alrededor de este tema, ¿cómo
pienso vivir esta Cuaresma?, ¿qué predominó el
año pasado: el culto, la evangelización o la caridad
solidaria?, ¿en qué medida nos hacemos responsables
de la transformación de la Iglesia hacia formas más
evangélicas?
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| 40
días del Diluvio |
| 40
años de desierto hacia la liberación |
| 40
días de Sinaí para la Alianza |
| 40
días de Elías hacia el monte Horeb |
| 40
días de esperanza en Nínive |
| 40
días de Jesús en el desierto |
| 40
días de Cuaresma para nuestra Pascua |
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Cuaresma y Conversión:
La conversión es una actitud personal y comunitaria
Convertirnos, sí de nuestros fanatismos personales, pero
también convertir las estructuras injustas, haciendo esfuerzos
conjuntos a favor de la paz y la fraternidad. Convertirnos con:
limosna = solidaridad que lleva a la justicia; oración
= confianza en la cercanía de Dios; ayuno = libertad ante
el consumismo. Toda palabra sincera tiene que convertirse en gesto.
Es fácil hablar de fidelidad. . . pero llega un momento
en que hay que hacerla gesto y realidad para llegar hasta el final
de la misión aceptada sin dejarse desviar por el miedo,
el orgullo o las riquezas. Es fácil hablar de perdón.
. . pero llega el momento en que se impone borrar la culpa y ofrecer
un amor cálido. La
Cuaresma es el tiempo de la admiración: miramos y admiramos
los gestos de Cristo, sus palabras y sus hechos. Ahí comienza
la conversión.
Textos bíblicos:
Oseas 6,1-6: Misericordia quiero y no sacrificios.
Joel 2,12-18: Rasgad los corazones, no las vestiduras
2 Corintios 5,20-6,2: Dejarse reconciliar con Dios;
ahora es el tiempo de la gracia.
Mateo 6,1-6.16-18: Tu Padre que ve en lo escondido, te recompensará
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Cuaresma
y Ayuno:
El ayuno era una de las tres grandes obligaciones de la piedad
judía. El antiguo pueblo de Israel, en casos de ruptura
o desviación de la trayectoria hacia Dios, organizaba ayunos
de reencuentro o conversión. Con Jesús no queda
abolido, sino restituido a su justo contexto. Se vuelve así
a la enseñanza de los profetas: liberar de la injusticia,
de la opresión, de la miseria, es el ayuno agradable a
Yahvé. La prioridad absoluta la tiene el amor. El ayuno
de Jesús se orienta en dirección hacia los hombres:
Si los hombres ayunan para ir al encuentro del Señor, Jesús
se prepara con ayuno para ir al encuentro de los hombres.
Textos bíblicos: Isaías 58,1-9A: El ayuno
que agrada a Dios
Mateo 9, 14-15: Llegará un día en que se lleven
al esposo y entonces ayunarán.
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Cuaresma
y Reconciliación – Perdón:
Hay muchas formas de matar o de vivir muertos para el otro. En
la Nueva Ley, las relaciones positivas con Dios pasan por la comunión
con el hermano hasta límites insospechados: si yendo a
presentar tu ofrenda recuerdas no sólo que tú puedes
haber ofendido al hermano, sino que éste puede tener algo
contra ti, “deja tu ofrenda y vete primero a reconciliarte”.
La aplicación de la Nueva Ley en el comportamiento concreto
de cada día surge a la luz del Amor del Padre Dios. Sólo
quien vive este Amor puede llevar a su vida la exigencia de amar
de igual manera. Darse, no juzgar, perdonar . . . son llamadas
que carecen de límites porque están dirigidas a
hombres y mujeres que han hecho la experiencia del amor, que han
descubierto sobre sí mismos la mirada del Abba. Perdonar,
no condenar, darse . . . es amar con el mismo deseo y el mismo
respeto con que somos queridos por Dios.
Textos bíblicos:
Ezequiel 18,21-28: ¿Acaso quiero yo la muerte del malvado
y no que se convierta de su camino y viva?
Mateo 5,20-26: Vete primero a reconciliarte con tu hermano.
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Cuaresma
y Comunidad:
Vivimos divididos: en nuestro interior luchan el demonio del egoísmo
y la fuerza generosa del Espíritu; en nuestras sociedades
conviven el desorden
del individualismo y la armonía de la solidaridad. Jesús
ha venido a destruir los demonios con el poder de Dios y a implantar
un Reino de justicia y paz. Está entre nosotros y nos unifica.
El Señor propone para su comunidad unas nuevas relaciones
basadas en el servicio, la igualdad y la fraternidad. Para ello
hay que estar dispuestos a aprender de los otros, renunciar a
marcar distancias, a “hacernos ver”. Habrá
que ser humildes, presentarnos como somos poniéndonos a
merced del otro en amor y servicio. “El que se enaltece.
. .”. Desterrar el deseo y la práctica de dominación
sobre los otros, aunque sea “espiritual o religioso”.
El que quiera “ascender” en el seguimiento de Cristo,
tiene un solo camino: Servir hasta entregar la vida. Textos
bíblicos:
Lucas 6, 36-38: Perdonad y seréis perdonados.
Mateo 18, 21-35: ¿ No debías tú también
tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión
de ti?
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Reflexión
final:
El crecimiento personal, al que quiere contribuir la Cuaresma,
comienza en el interior de nosotros mismos. Se realiza por la
vivencia del Evangelio, ya que él nos lleva más
allá de nosotros mismos. El Evangelio eleva nuestro amor,
nuestra solidaridad y nuestro compromiso a dimensiones que no
nos sería dado alcanzar y que no tendríamos el valor
y la posibilidad de afrontar con nuestras propias fuerzas. La
Cuaresma es el tiempo propicio, los días de gracia, la
oportunidad brindada durante 40 días para vivir la Presencia
santificante de Dios con nosotros diariamente. Centrémonos
en el Maestro Perfecto de santidad que es Jesucristo, desterrando
de nosotros y de nuestras comunidad toda tendencia o inclinación
a vivencias espirituales que no son del Señor, tales como:
Toda forma de fanatismo religioso, puritanismo, fariseísmo,
espiritualismo, iluminismo, ritualismo, rigorismo, escrupulosidad,
tendencias apocalípticas, laxismo, separación entre
fe y vida.
Textos bíblicos: Mateo 5,43-48: Sed perfectos
como vuestro Padre celestial es perfecto.
Mateo
25,31-46: Lo que hicisteis con uno de estos mis pequeños
hermanos, conmigo lo hicisteis.
Escribe los propósitos
y metas que tienes para esta Cuaresma, y las áreas de tu vida
personal (emociones, sentimientos, moralidad, espiritualidad, comunidad,
familia, trabajo, estudios, mente, cuerpo) en las que requieres mayor
ayuda del Señor y cooperación personal para vencer tentaciones,
desórdenes debilidades y defectos, que dificulten y bloqueen
tu vivencia del Evangelio.
La
Caridad tiene por frutos:
el
gozo, la paz y la misericordia
Durante
la Cuaresma, se nos hace un llamado a la oración, la conversión,
escucha de la Palabra de Dios y práctica de las obras de caridad
en forma más intensa que de ordinario. No es un tiempo independiente,
sino de preparación a la Pascua, a la que está íntimamente
unida y de la que recibe su sentido.
En
este tiempo la comunidad cristiana, sea familia, Parroquia, Diócesis
o Iglesia Católica, debe recordar, celebrar y experimentar
el camino pascual de Cristo, es decir: imitar su fidelidad a Dios
y plasmar esa decisión en las actitudes ya mencionadas de:
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Oración: camino
de diálogo y apertura a Dios, como Jesús en el desierto;
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Conversión:
cambio radical que no nos lleva a ser buenos, sino seres nuevos;
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Escucha de la Palabra:
meditación en los textos bíblicos que la Iglesia propone;
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Obras de caridad:
que abarcan la vida entera del cristiano y se manifiestan como servicio
y ayuda concreta a nuestros semejantes, hijos de Dios.
Veámos
qué nos dice el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica
sobre la caridad: La caridad es la virtud teologal por la cual amamos
a Dios sobre todas las cosas por El mismo y a nuestro prójimo
como a nosotros mismos por amor de Dios.
Jesús
hace de la caridad el mandamiento nuevo (cf Jn 13, 34). Amando a los
suyos ´hasta el fin´ (Jn 13, 1), manifiesta el amor que
ha recibido del Padre. Amándose unos a otros, los discípulos
imitan el amor de Jesús que reciben también ellos. Por
eso Jesús dice: ´Como el Padre me amó, yo también
os he amado a vosotros; permaneced en mi amor´(Jn 15, 9). Y
también: ´Este es el mandamiento mío: que os améis
uno a otros como yo os he amado´ (Jn 15, 12).
“Fruto
del Espíritu y plenitud de la ley, la caridad guarda los mandamientos
de Dios y de Cristo: ´Permaneced en mi amor. Si guardáis
mis mandamientos, permaneceréis en mi amor´ (Jn 15,9-10;
cf Mt 22, 40; Rm 13, 8-10).
Cristo
murió por amor a nosotros ´cuando éramos todavía
enemigos´(Rm5, 10). El Señor nos pide que amemos como
El hasta a nuestros enemigos (cf Mt 5, 44), que nos hagamos prójimos
del más lejano (cf Lc 10, 27-37), que amemos a los niños
(cf Mc 9, 37) y a los pobres como a El mismo (cf Mt 25, 40-45)
El
apóstol San Pablo ofrece una descripción incomparable
de la caridad: ´La caridad es paciente, es servicial; la caridad
no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa;
no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra
con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo
lo soporta (1 Co 13, 4-7).
“´Si
no tengo caridad – dice también el apóstol –
nada soy...´. Y todo lo que es privilegio, servicio, virtud
misma... ´si no tengo caridad, nada me aprovecha´(1 Co
13, 1-4). La caridad es superior a todas las virtudes. Es la primera
de las virtudes teologales: Áhora subsisten la fe, la esperanza
y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad´(1
Co 13,13)
El
ejercicio de todas las virtudes está animado e inspirado por
la caridad. Esta es ´el vínculo de la perfección´
(Col 3, 14); es la forma de las virtudes; las articula y las ordena
entre sí; es fuente y término de su práctica
cristiana. La caridad asegura y purifica nuestra facultad humana de
amar. La eleva a la perfección sobrenatural del amor divino.
“La
práctica de la vida moral animada por la caridad da al cristiano
la libertad espiritual de los hijos de Dios. Este no se halla ante
Dios como un esclavo, en el temor servil, ni como el mercenario en
busca de un jornal, sino como un hijo que responde al amor del ´que
nos amó primero´ (1 Jn 4,19).
El
Santo Via Crucis
EN
EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. AMÉN
ORACIÓN
DE INICIO
Padre
Bueno y Eterno, te damos gracias por tu gran misericordia para con
nosotros, pues los sufrimientos y dolores que nos correspondían
por nuestros pecados y culpas quisite, por amor, que los padeciera
tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, quien terminó su
vida con la dolorosa pasión y muerte en cruz. Bendito sea por
siempre el Nombre de Jesucristo, quien se entregó a la muerte
para darnos vida eterna, vida sagrada, vida buena, vida santa. Haz,
Señor de la Vida y de la Muerte, que compartamos en este Via
Crucis el amor infinito de Dios, meditando y contemplando su pasión
dolorosa, acompañemos a la Virgen María en su dolor
y esperanza y recibamos la bendición y fuerza del Espíritu
Santo. Amén
Acto
de Contricción: Jesús
mi Señor, y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados
que he cometido hasta hoy. Propongo firmemente no volver a pecar,
y confío en que por tu infinta misericordia me has de conceder
el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna.
Amén
Modo
de Hacer el Vía Crucis:
- Se
anuncia la estación.
- Se
responde: Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu
Santa Cruz redimiste al mundo
- Se
lee la reflexión sobre cada estación.
- Se
reza un Padrenuestro, o un Avemaría, o un Gloria.
I
ESTACIÓN |
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II
ESTACIÓN |
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Jesús es condenado a muerte |
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Jesús carga con su cruz |
¡Oh Jesús!, ayúdame
a apreciar más y más tu gracia santificante. |
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¡Oh Jesús!, Tú elegiste
morir por mí, ayúdame a amarte siempre con todo
mi corazón.. |
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III
ESTACIÓN |
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IV
ESTACIÓN |
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Jesús cae por primera vez |
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Jesús se encuentra con su
Santísima Madre |
¡Oh Jesús!, hazme fuerte para
vencer mis bajas pasiones y levantarme rápidamente de
mis pecados |
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¡Oh Jesús!, concédeme
un tierno amor por tu madre, quien se ofreció por amor
a mí. |
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V
ESTACIÓN |
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VI
ESTACIÓN |
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El cirineo ayuda a Jesús
a llevar su cruz |
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La Verónica enjuga el rostro
de Jesús |
¡Oh Jesús!, como Simón
, llévame más cerca de ti a través de mis
cruces y pruebas diarias. |
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¡Oh Jesús!, graba tu imagen
en mi corazón para que yo pueda tener fe en ti toda mi
vida. |
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VII
ESTACIÓN |
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VIII
ESTACIÓN |
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Jesús cae por segunda vez |
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Jesús consuela a las mujeres
de Jerusalén |
¡Oh Jesús!, me arrepiento por
haberte ofendido. Concédeme el perdón de todos
mis pecados. |
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¡Oh Jesús!, concédme
las lágrimas y la compasión por tus sufrimientos
y la pena de mis pecados. |
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IX
ESTACIÓN |
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X
ESTACIÓN |
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Jesús cae por tercera vez |
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Jesús es despojado de sus
vestiduras |
¡Oh Jesús!, no me dejes caer
en la desesperación. Permíteme ir a ti en la pena
y en la aflicción espiritual. |
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¡Oh Jesús!, déjame sacrificar
todos mis apegos antes que exponer la vida divina de mi alma. |
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XI
ESTACIÓN |
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XII
ESTACIÓN |
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Jesús es clavado en la cruz |
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Jesús muere en la cruz |
¡Oh Jesús!, fortalece mi fe
e incrementa mi amor por ti. Ayúdame a aceptar mis cruces. |
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¡Oh Jesús!, te doy gracias
por hacerme un Hijo de Dios, ayúdame a perdonar a los
demás. |
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XIII
ESTACIÓN |
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XIV
ESTACIÓN |
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Jesús es bajado de la cruz |
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Jesús es colocado en el sepulcro |
¡Oh Jesús!, a través
de la intercesión de tu Madre Santa, déjame ser
agradable a ti. |
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¡Oh Jesús!, fortalece mi voluntad
para vivir en ti, aqui en la tierra, y llévame a la gloria
eterna en el cielo. |
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XV
ESTACIÓN |
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Jesús
resucita y vence la muerte |
¡Oh Jesús!,
resucita en mi las virtudes de fe, esperanza y caridad, especialmente
cada vez que yo te reciba en la sagrada comunión.
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Obras
de Misericordia
Las
obra de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales
ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y
espirituales (ver Isaías 58, 6-7; Hebreos 13, 3).
Obras
de Misericordia Espiritual: instruir, corregir al
que está equivocado, aconsejar, consolar, confortar, perdonar
y sufrir con paciencia.
Obras
de Misericordia Corporal: dar de comer al hambriento,
dar de beber al sediento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al
desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos
(ver Mateo 25, 31-46).
Entre
estas obras, la limosna hecha a los pobres (ver Tobías 4,5-11)
es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también
una práctica de justicia que agrada a Dios. (ver Mateo 6, 2-4).
AYUNO
Y ABSTINENCIA
Querido (a) Hermano (a):
Como un gesto del compartir espiritual y solidario de
Cuaresma, la Fundación PRO-FE, le hace llegar
las normas canónicas, litúrgicas y pastorales
sobre el ayuno y la abstinencia; prácticas penitenciales
que la Iglesia pide hacer a todos los fieles cristianos
durante la Cuaresma, tiempo de preparación para
la celebración del misterio Pascual.
Ayuno:
Disciplina espiritual por la que voluntariamente se
renuncia a ciertos alimentos por un tiempo definido
con el fin de liberarse de los apegos carnales y poner
todo el corazón en Dios.
Abstinencia:
Es la virtud que consiste en privarse
total o parcialmente de satisfacer los apetitos. La
privación de determinados alimentos o bebidas,
en cumplimiento de preceptos religiosos o de voto especial.
Se puede aplicar a cualquier tipo de abstención,
desde no tomar licor hasta la abstención sexual,
como acto penitencial privado que se observa por un
tiempo.
Ayuno Eucarístico: En la actualidad se
requiere ayuno de una hora antes de recibir la Eucaristía.
Ayuno de Cuaresma: La Iglesia sugiere:
Ayuno: (una sola comida completa al día, las otras pueden
ser algo ligero).
Todos los viernes de cuaresma.
Ayuno y abstinencia: (no comer carne). Miércoles de Ceniza
y Viernes Santo.
Del Código
del Derecho Canónico
Can. 1250 En la Iglesia universal, son días
de tiempos penitenciales todos los viernes del año
y el tiempo de Cuaresma.
Can. 1251 Todos los viernes, a no ser que coincidan
con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de
carne o de otro alimento que haya determinado la Conferencia
Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el
Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.
Can. 1252 La ley de la abstinencia obliga a los
que han cumplido catorce años; la del ayuno,
a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido
59 años. Cuiden sin embargo, los pastores de
almas y los padres de que también se forme en
un auténtico espíritu de penitencia a
quienes, por no haber alcanzado la edad, no están
obligados al ayuno o a la abstinencia.
De la Conferencia
Episcopal Panameña
La Conferencia Episcopal Panameña aclara y dispone
que la abstinencia tradicional de carne, podrá
ser sustituida por la abstinencia de algún alimento
de agrado; o por una especial obra de caridad o piedad;
o por algún otro sacrificio significativo voluntario.
(De las normas particulares complementarias al nuevo
Código Canónico.)
CONVERTIRSE
POR DENTRO
Incorporarse
en Cuaresma a la Pascua de Cristo significa en concreto
lo que expresa esta palabra tan incómoda: la
conversión.
En
griego se dice “metánoia”, o sea,
cambio de mentalidad. Lo principal no son los ayunos
exteriores, que también tienen sentido, sino
que por dentro el corazón cambie y nuestra escala
de valores se haga más conforme a la de Cristo.
La
conversión, si es verdadera duele. Como cuando
el dentista nos toca el nervio. Si no le “hacemos
daños al hombre viejo” en Cuaresma, es
que no le hemos puesto el dedo en la llaga: nos habremos
contentado con cambiar el color de los ornamentos o
el repertorio de cantos de liturgia, o con unas pequeñas
abstinencias. Cosas buenas, pero no suficientes. Es
adentro a donde tiene que bajar la conversión:
tocando las raíces, por ejemplo, de nuestro egoísmo,
o del materialismo o de la pereza.
Celebrar
la Cuaresma y la Pascua es mirarse sin miedo al espejo
del Evangelio y evaluar nuestra vida a la luz de la
Cristo, para ver qué hay de anti-pascual en nosotros.
Y actuar en consecuencia. Sino, no habrá sucedido
esa primavera espiritual que quiere ser la Pascua.
Columnas
de la Cuaresma Cristiana = Conversión
Fuente: Dpto. de Liturgia Arquidiócesis
de Panamá

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